8 de diciembre de 2007

CCLV.- Job



Dios me da en el fondo de una cuasimal
sincera indignidad fluctuante:
indiferente se ha posado una alondra
sobre el tímido tejado de mi libro tejido.

Fui arrojado crudo anclado a la vida,
a la baldosa de mi concepción,
por el placer que le provoca la burla
tempestiva que acomoda y casanova, me empujó.

El mocoso un día, a la mañana siguiente,
se durmió en la casa descuidadamente
y absolutamente sin pensar en nada:
por él sería lo que siempre quisiese.

Lo que el destino deparara me vino
y sin aviso de acusete me apuntó,
sin precaver ni la misión ni la duda:
así de extraño es el humor de Dios.

1 comentario:

faifitalinda dijo...

Uh,que recuerdos vienen a mi cuculi con la imagen de este poema,es una estatua que se hizo en homenaje a un niño,que pretendió apagar un incendio al ver que las bombas no llegaban,se llama "manequin pis",no recuerdo si está en Bélgica o en Holanda,pero es de uno de los países bajos.

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