5 de octubre de 2007

CCXXXIV.- Todo ocurre cuando no me pertenezco



Te pareces a mi fértil candorosa primavera
y a la tímida silente y estimúlica visión:
glamorosa fantasía que fue vino y compañera,
melodía sinfonía y camaleón caparazón.

Permanente pesadilla de rosadas habitudes,
de limones y de sexo que no sangra jamás.
Yo no quiero por ahora mentiroso proscribirte
ni tampoco claramente todavía despertar.

Allá encima de la mesa, en una pieza vacía,
la tortilla y el habano que se apaga pertinaz,
tu poder y las maletas olvidadas en el patio,

y en la extensa carretera del cometa y el placer,
va tu nombre que se esconde, prodigioso minotauro:
yo descubro que no has sido indiferente para mí.

1 comentario:

(j.g.) dijo...

cuerpos dolidos de la ausencia que se dice a sí misma, donde la no pertenencia es propiedad y tal vez morada.

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