1 de julio de 2007

CLXXXV.- Eléboro


La clava y su románica vertiente de locura
es la figura desprovista de pretérito y razón,
de estío en regocijo y jubilosamente pulcra,
se duerme lentamente, y su canícula tiñó.

Quiero cantar allí, desde el fondo de mí,
alborozado teniente, oligofrénico y seré
tonada espeluznante que se oye en los jardines
y fronda abandonada en un encierro sin final.

Soy labriego condolido, bajo el horno atacameño
y destinado a la estulticia, riego arena y alcanfor,
que me ahogaba y destilaba vino fétido fenicio,
que no embriaga ni sacude, pero pronto volveré.

Es remotamente gélido vivir de la pereza
en un sencillo paraíso efervescente y sin lugar,
donde el muérdago sin nombre, se receta libremente
y crecen setas que se cuecen para la felicidad.

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