1 de octubre de 2006

LXXI.- Amnesis


Qué sería de mí lo que consideras último,
parte de un aroma ciego y perdido,
fuego en abundantes cantantes debutantes:
tan lento y como lentos, tristes al final?

Segura de que vives y sabes lo que digo,

conoces mis pasiones, lo que voy a decir,
me ignoras o me buscas lo que sigo dando pena:
la flor mil amorosa y generosa que te di.

Dígnate paciente esperando mi fulgor
y abandona aquí por fin esa insistente maniatada
de querer estar atando mis cabos no resueltos
u olvídate de mí, que no cuesta nada, amor.

Yo siempre y no me acuerdo lo que lógrase intentar!

Mi abuela se ha callado y no la he vuelto a hallar,
ni su amor misericordia ni su buena voluntad.
Por su culpa encontraremos ese mal remordimiento
que se viene a ser tan cándido, según mi parecer.

No hay más felicidad ni otras brumas candilantes
que no haber hecho lo máximo y lo propio jamás,
y pender de querubines y de lógica serena,
queriéndome poquito y llamándome otra vez.

Ya no te pertenezco ni le soy completamente
a nadie: no hay un alma que nazca en pos de mí.
Su roce se conoce y se despierta con los gallos
o duerme simplemente cuando migra porque sí.

Yo soy parte de un amago ciego y perdido.
No sabes lo que digo y te lo que voy a decir:
olvídate de mí, que no cuesta nada tanto.
Yo siempre lo consigo y vago tonto dolor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué difícil olvidar cuando se quiere!
Dices "que no cuesta nada tanto" , cómo se hace, cómo lo haces, cómo lo puedo hacer?
Necesito saber...

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