25 de abril de 2006

XXX.- La canción del Purgatógrafo



Rara allá en el fondo hay una flama quema,
misteriosa puerta azul y funeral oscura:
un aviso de neón que incita y llama
a escapar por el pasillo y correr.

Y así me fui, pero aquí estoy otra vez.

No puedo liberarme ni ponerme de pie,
que mi vida en la pantalla todavía se ve
y de gente que algún día perdí,
que saludé, que desprecié y morí,
y de aquellas que también amé
se ha llenado este salón, detrás de mí.

Cruel amargo espacio musical
ameno de mi larga vida miel:
pena hiel que todos ven, sentados
cada uno en su butaca y yo,
también.

Primera fila, asiento de una sala.
Ya han abierto el pesado telón.

Quiero cuando acabe todo ver la luz.
Esa rara y misteriosa puerta solitaria:
la única salida y presumida clara azul,
ignota paraíso sanguinaria.

Aunque yo para alcanzarla y volar
deba atravesar toda la gente que, detrás,
abarrotando todo el ámbito, me espera.

La gente que algún día yo perdí y amé,
que saludé, que desprecié y morí, sabrá,
todo lo que oculto y lo que quisentí,
todo lo que nunca para nadie yo,
todo lo escondido y lo que nunca fui,
todo lo que odiaba nadie al fin, se vio.

Todo lo que hay en mí.

Espero cuando caiga el telón
caminar y valeroso pedir que ya
enciendan de inmediato la luz
visto por la gente que me quiso y salir
por esa puerta misteriosa y azul
la única salida y alcanzar,
abrir sin esperar la puerta,
atravesar ese pasillo y llorar,
de alegría porque me han perdonado.

Todo lo que nunca para nadie fui.
Todo lo que oculto y escondido sentí:
lo que vio ninguno nunca de mí,
se ha iluminado y me han dejado salir,
con un beso enloquecido partir
y me dieron su palabra vivir
en lo que ha sido mi mejillamor,
de la mano acompañado y por siempre
feliz.

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